
Está la sombra de una noche, perdida por el silencio de las respiraciones en la memoria de una existencia provisoria
y maleable, como la niebla que se posa al amanecer en las ramas de los árboles. Entre sus dibujadas siluetas, camina la sonrisa
que se aterra ante la rapidez de los segundos, y se expande por las sensaciones fugaces e imperecederas...
Se cansa de observar las caminatas sin sentido de aquellos que suelen ridiculizar lo desconocido; se desconoce, se vuelve a perder,
se queda quieta para retener la más mínima brisa que circula desde sus pulmones hasta la atmósfera disociada, que ahí afuera no logra
convocar todos sus aliñados sentimientos, repletos de variadas sensaciones, las que se escapan de los límites esperados, de las figuras
compositoras, de las expresiones cariñosas...es una pequeña nebulosa retraída por el paso de las horas, atraída por una única partícula
de aire que encapsula la totalidad de sus últimas razones.
Termina separándose absolutamente de todo lo que pasea tras, frente y al costado de su cuerpo; la concentración se arrebata por la
conspiración de la inutilidad disfrazada de movimiento. Se dedica al detalle de lo inolvidable que transcurre en una mirada, y su
complemento en la palabra... se equivoca, se castiga y entorpece las tenues intenciones, terminando por aplastar toda posterior respuesta.
y maleable, como la niebla que se posa al amanecer en las ramas de los árboles. Entre sus dibujadas siluetas, camina la sonrisa
que se aterra ante la rapidez de los segundos, y se expande por las sensaciones fugaces e imperecederas...
Se cansa de observar las caminatas sin sentido de aquellos que suelen ridiculizar lo desconocido; se desconoce, se vuelve a perder,
se queda quieta para retener la más mínima brisa que circula desde sus pulmones hasta la atmósfera disociada, que ahí afuera no logra
convocar todos sus aliñados sentimientos, repletos de variadas sensaciones, las que se escapan de los límites esperados, de las figuras
compositoras, de las expresiones cariñosas...es una pequeña nebulosa retraída por el paso de las horas, atraída por una única partícula
de aire que encapsula la totalidad de sus últimas razones.
Termina separándose absolutamente de todo lo que pasea tras, frente y al costado de su cuerpo; la concentración se arrebata por la
conspiración de la inutilidad disfrazada de movimiento. Se dedica al detalle de lo inolvidable que transcurre en una mirada, y su
complemento en la palabra... se equivoca, se castiga y entorpece las tenues intenciones, terminando por aplastar toda posterior respuesta.
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su anestesia