cuando se presenta la necesidad de escupir porquería por desacuerdo o insatisfacción con el mundo, y pensamos que ejercemos un derecho en ese momento... cuando somos conscientes del carácter derechista de este sistema, y con eso me refiero al constante ejercicio de la victimización, a través de la cual se suele caer en la exigencia deliberada de algún derecho que permita recuperar la satisfacción o entereza; yo pienso en ese momento que si fuera primordial apropiarse del deber que representa el tener una vida (un lugar en el universo), una responsabilidad con uno mismo y el mundo; si fuera eso una prioridad y aprendiéramos a conscientizar nuestro ser con lo que piensa, con lo que dice, con lo que expresa y cómo lo comparte, quizá no perderíamos el tiempo en buscar o exigir leyes para todo, incrementando la misma sensación una y mil veces... incluso la educación sería, más que una metodología, un proceso de reconocimiento y valoración.
si dejáramos de ser derechistas para convertirnos en consciencia de nuestro ser, quizá entenderíamos que la injusticia, la desgracia, la desigualdad y esas cosas, son el resultado de un proceso intenso de intolerancia y no de la falta de legislación; son un efecto de la falta de diálogo, la vergüenza y el miedo que expresa la ausencia de conocimiento y no una conspiración social ni una persecución alienígena eminentemente incomprensible y confusa...
lo que somos es lo que hacemos, lo que decimos y lo que sentimos; causa y efecto de lo que construimos día a día y, ¿por qué no decirlo?, tampoco un resultado de la institucionalización escolar y/o educativa.
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su anestesia